Significa que mi fe cristiana también hace parte de mi manera de estar, escuchar y acompañar, siempre desde el respeto por las creencias de cada consultante. Tengo la costumbre de orar por mis pacientes al inicio de mi jornada laboral y, cuando el proceso lo permite y el consultante está de acuerdo, oramos juntos al inicio de la sesión. Durante la asesoría, a veces puedo utilizar una idea, una historia o un pasaje de la Biblia como soporte del proceso.
Cuando una persona busca ayuda, muchas veces desea aliviar la angustia, el miedo, la tristeza, la culpa o la confusión. Eso es importante, y en la asesoría también lo tenemos en cuenta. Sin embargo, desde una orientación psicoanalítica no nos enfocamos solo en quitar rápidamente el síntoma, sino que nos preguntamos qué puede estar diciendo ese malestar y con qué aspectos de tu historia puede estar relacionado.
En las sesiones conversamos sobre distintas dimensiones de tu vida y, poco a poco, pueden aparecer conexiones que antes no eran tan claras. No se trata de aplicar una fórmula igual para todos, sino de construir un camino singular, porque tú, tu historia y tus preguntas también son singulares.
Considero que sí pueden dialogar, siempre que se respeten sus diferencias. Así como muchos profesionales ejercen su trabajo desde principios éticos, filosóficos o espirituales, en mi caso la fe cristiana hace parte de mi forma de comprender y desarrollar los procesos de asesoría.
Ejercí como líder religioso durante 14 años, soy creyente, y mi manera de acompañar procura ser coherente con los principios que reconozco en la Palabra de Dios. Si eres cristiano, puedes sentirte tranquilo: este es un espacio seguro para ti y los tuyos.
Esto no significa que la asesoría sea un espacio para imponer creencias o evangelizar. En mis procesos de asesoría participan personas de diferentes credos, con otras formas de espiritualidad y también quienes no tienen una creencia religiosa. Todas las personas son bienvenidas.
Si estás en Bogotá, siempre preferiré que puedas desplazarte a nuestra sede en la Calle 127A # 7C-88, barrio Santa Bárbara Oriental, localidad de Usaquén. Aunque esto implica una inversión de tiempo por el desplazamiento, no hay nada como encontrarnos y compartir el proceso de forma presencial.
Si estás fuera de Bogotá, haré lo posible para que tengas una experiencia adecuada a pesar de la distancia. Para ello, utilizo un sistema de comunicación que busca garantizar, en la medida de lo posible, una conversación privada. Será importante que te ubiques en un lugar tranquilo, donde puedas hablar con libertad, y que cuentes con cámara, audífonos y buena conexión a internet.
Los honorarios los conversaremos y definiremos de forma personalizada durante la primera entrevista. El valor acordado aplicará para esa primera entrevista y para cada sesión del proceso. Para establecerlo, tendremos en cuenta tus posibilidades y la frecuencia de las sesiones. Generalmente, este valor podrá tener un pequeño ajuste anual, que será conversado oportunamente.
Desde una orientación psicoanalítica, el pago no se entiende solamente como un trámite económico, sino como parte del compromiso con el trabajo que iniciamos y se relaciona con el significado que el dinero tiene para cada persona.
La frecuencia de las sesiones la definiremos en conjunto, teniendo en cuenta tu situación, tus posibilidades y aquello que deseas alcanzar en el proceso. Generalmente, al inicio puede ser conveniente tener encuentros cercanos, una o dos veces por semana; luego, según el avance del proceso, las sesiones pueden irse espaciando a encuentros quincenales, mensuales, bimensuales o de seguimiento más ocasional.
La duración del proceso no se establece de la misma manera para todos. La idea no es que estés en asesoría toda la vida, sino que el proceso tenga un sentido y un tiempo para ti. Algunas personas, después de cerrar un proceso, deciden tomar citas de seguimiento para sostener logros, abordar nuevas situaciones o revisar momentos importantes de su vida.